El Rey Leproso de Jerusalén

A comienzos del segundo milenio, la llamada tierra santa para el Cristianismo, estaba dominada por los musulmanes. Esto hizo que desde Roma se intentase recuperar estos territorios tan valiosos para su religión. Sería en el año 1095, cuando el Papa Urbano II declaró la gran cruzada contra los infieles, que supondría el perdón completo para todos aquellos que participasen en las mismas.

En el año 1099 Godofredo entro victorioso en Jerusalén convirtiéndose así en rey o <<defensor del santo sepulcro>>. Los reyes que le sucedieron comenzaron a aumentar los territorios conquistados, formando así los estados cruzados, en los que convivían varias religiones, cristiana, judía y musulmana.

Fueron sitios de peregrinación de cristianos, en especial Jerusalén A los judíos no se les permitía vivir en Jerusalén pero sí negociar en la ciudad y rezar en el muro de las lamentaciones; mientras que a los musulmanes se les permitió rezar en la ciudad y hacer el peregrinaje a la Meca. En el año 1174 heredó el reino Balduino IV a la edad de trece años; poco después de su coronación se descubrió que padecía la enfermedad de la lepra.

Balduino jugaba junto a otros hijos de noble en palacio, y en estos juegos se propiciaban arañazos y golpes, y Balduino no sentía esos arañazos. Esto creó alarma y se comprobó que apenas tenía sensibilidad en el brazo, de ahí aquella actitud ante las heridas.

La lepra es una enfermedad que ya estaba muy presente en aquella época a lo largo del todo el mediterráneo y se creía que era más fácil de contagiar de lo que hoy en día sabemos; lo cierto es que su contagio se produce por vía respiratoria y es necesario permanecer durante mucho tiempo al lado de un leproso para ser contagiado.  En el caso de Balduino no se sabe con certeza cómo se contagió, aunque todo parece indicar que debió ser a través de alguna criada o cuidador de palacio que murió antes de reproducírsele la enfermedad.

Esta enfermedad es producida por el bacilo de la lepra: en su fase inicial, el enfermo pierde la sensibilidad en las terminaciones nerviosas, lo que hace que el enfermo no reaccione a cortes o quemaduras; también comienza a desgastar los huesos, y en las fases mas avanzadas de la misma, afecta a las terminaciones nerviosas de la cara, que hace que el paciente no pueda parpadear, provocándole la sequedad en los ojos y la ceguera. En estos tiempos  no se podía combatir contra la enfermedad, y todos los ungüentos y brebajes que se le aplicaban de poco servía, por lo que sus más cercanos lo único que podían hacer era ocultar y disimular la enfermedad con el fin de mantener la estabilidad del reino.

En aquella época, comenzó sus andanzas guerreras por aquellas tierras, el mejor guerrero de aquellos tiempos, Saladino, uno de los mayores defensores del Islam. Balduino IV consiguió en un comienzo derrotarle una y otra vez a Saladino y sus feroces tropas. Y comenzó a preparar su sustitución, casando a su hermana con Guido de Lusignan, para que se ocupase de su regencia cuando éste estuviese totalmente incapacitado.

En 1182 Saladino comenzó a incrementar sus ataques sobre los estados cruzados, y se preparó para un nuevo ataque sobre Jerusalén, pero Balduino IV lo frenó nuevamente, e hizo retroceder a Saladino y a sus tropas al otro lado del río Jordán. A pesar del avanzado estado de su enfermedad, Balduino hizo más de 300 kilómetros a caballo para sitiar a las tropas de Saladino y obligarlas a la rendición. Un año después, cuando contaba con 22 años de edad, viéndose ya incapacitado, nombró regente a Guido, que demostró ser un mandatario poco eficiente, por lo que tuvo que deponerlo posteriormente.

En el año 1184, la enfermedad estaba acabando con la vida del monarca, y nombró a su sobrino de cinco años llamado también Balduino, heredero al trono, y su antiguo regente Raimundo de Trípoli, regente de su sobrino. Falleció unos meses después, a mediados del año 1185,  a los 24 años de edad, y fue enterrado en el monte Calvario. Su sobrino, el futuro Balduino V, murió unos meses después de una extraña enfermedad, aunque siempre se creyó que envenenado por Raimundo de Trípoli. A esto se unió que Guido arrebató el reino a Raimundo, lo que provocó la fractura del mismo que supo aprovechar Saladino para conquistar Jerusalén, tras la victoria en 1187 en la batalla de Hattin.

En nuestros días, a Balduino IV se le  conoce como el rey leproso, pero no deja de ser una máscara, que no deja ver lo que en realidad fue, uno de los más grandes líderes de la historia: no sólo fue un valiente dirigente militar, sino que entendió que el espíritu importa tanto como la fuerza física, y esto le hizo ser un símbolo vivo de valentía para todo un pueblo.

Fray Bartolomé de las Casas

Este fraile dominico español, nacido en Sevilla en 1484, tuvo una importancia relevante en las nuevas tierras descubiertas por Colón en las américas. Fue cronista, teólogo, obispo de Chiapas, pero sobre todo fue un precursor de los derechos humanos en defensa de los nativos indígenas, que eran sometidos ante los implacables colonizadores.

Bartolomé de las Casas provenía de una familia de origen judío; su padre, << Pedro de las Casas >>,  era un mercader afincado en Tarifa, y participó en los viajes del almirante Colón al nuevo mundo. Gracias a ello conoció a un indio en el año 1499, que fue traído por Colón de una de sus expediciones, y regalado a su padre como esclavo. Debido a su vastísima cultura, se piensa que cursó estudios humanísticos y de latín, probablemente en la escuela catedralicia de Sevilla.

En 1500 se integró en las milicias sevillanas que combatían a los moriscos en Granada, dos años más tarde se sumó a la expedición del gobernador de la española <<Nicolás de Ovando>>; durante esos años se dedicó a la extracción de oro, a la agricultura y la ganadería, hasta el año 1506 , que  siente la vocación religiosa y regresa a Sevilla para, un año más tarde ,viajar a Roma y ordenarse como presbítero.

En 1508, ya como sacerdote, regresó a la española, en donde participó como capellán de las huestes españolas en algunas contiendas, como las de Jiguey, y mantuvo una serie de encomiendas que le fueron otorgadas. Celebró su primera misa en Concepción de la Vega (Republica Dominicana). Cuatro años más tarde, en 1512, partió hacia la conquista de Cuba: los indígenas fueron arrasados por los soldados españoles y se le asignaron nuevas tierras, junto a una serie de indígenas para trabajarlas. En este tiempo,  se dio cuenta de que se estaban maltratando a los indios de aquellas tierras, así que renunció a todas sus encomiendas y liberó a todos sus indios. Inició una evangelización pacifica mediante el convencimiento de estos indígenas e, impulsado por el director de su orden de los dominicos <<Pedro de Cordoba>>, viajó a España a finales del año 1515, para entrevistarse con Fernando el Católico, que medio moribundo apenas escuchó sus requerimientos.

Tras el fallecimiento de Fernando el Católico, a comienzos de 1516, se entrevista con el Cardenal Cisneros y Adriano de Utrecht <<asesor de Carlos I y futuro papa Adriano VI>>, y esta vez sí le escucharon, y ordenaron reales cédulas de protección a los indios, nombrándole además procurador y protector universal de todos los indios.

Unos años más tarde, en 1520, consigue unos permisos para partir desde la Coruña con  una flota de colonos con destino a Paria (Venezuela). En ella pretende instalar un foco de colonización pacífico. Y es este tiempo cuando entra en confrontación con los colonizadores, ya que éstos necesitaban de la explotación de estos nativos para enriquecerse, y liberar a estos indígenas y otorgarle una serie de derechos iba en contra de sus beneficios. Estos colonizadores se unen y logran que los jefes dominicos manden a Bartolomé de las Casas de regreso a España. Pero al volver lo que hace es conseguir permisos para su ideología. En 1526 comienza la redacción de esa “historia general de las indias”, que tardaría en finalizar treinta años, y en la que esclarece la situación de América. Pero sería en la “Brevísima relación de la destrucción de las indias”, en la que denuncia todas las situaciones injustas que se estaban dando en aquel nuevo mundo.

En 1535 regresa a América, intenta de nuevo un programa de colonización pacífica en Guatemala y obtiene un relativo éxito; y en 1540 regresa de nuevo a España, y se va a vivir a Valladolid, en donde se entrevista con el rey Carlos I, quien convencido por el clérigo, ordenó que se promulgara el 20 de noviembre de 1542 las Leyes Nuevas, en las que se prohibía la esclavitud de los indios, y además que todos estos quedaran libres de los encomendadotes y fueran puestos bajo la protección directa de la corona,;además se impuso que en la penetración en nuevas tierras no exploradas e ignotas, debían participar siempre dos religiosos que actuarían de supervisores en los contactos con los nativos.

En 1543 se le ofreció el obispado de Cuzco al que renunció, pero sí aceptaría el de Chiapas (México), residió durante su obispado en Ciudad Real de Chiapas, hoy llamada San Cristóbal de las Casas en su honor. Allí prosiguió con su defensa de los derechos de los indígenas, lo que le granjeó la enemistad de los encomenderos, como el Virrey de México <<Antonio de Mendoza>>. A tal punto llegaron estos enfrentamientos y tal era la situación en estos territorios, que Bartolomé de las Casas amenazó con excomulgar a todos aquellos comendadores que no cumpliesen las leyes, y decidió volver a España para reclamar nuevos derechos en el año 1550. Carlos I convocó una reunión de teólogos, para tratar cómo debía procederse respecto al descubrimiento y conquista en las Indias. Después de dos años de debates la junta quedó inconclusa, y Bartolomé, decepcionado, renunció a su cargo de Obispo de Chiapas y se instaló en su lugar de origen, Sevilla: allí se dedicó a defender a los indios desde España, siguió escribiendo y acab, en 1556, “Historia general de las Indias

Posteriormente pasaría sus últimos años en Madrid, muy apesadumbrado por ver cómo todo el trabajo que había realizado en México se venía abajo, y los indios eran arrasados por las armas de los colonizadores. Fallecía el 17 de julio de 1566, en el convento de Nuestra Señora de Atocha, para ser trasladado posteriormente al convento dominico de San Gregorio en Valladolid.

Bartolomé de las Casas, un hombre que supo entender que los indígenas eran unos iguales, y luchó por sus derechos y por la defensa de la libertad de aquellas gentes. Un dominico rebelde  precursor de los derechos humanos.

Beatriz Galindo “La latina”

Nació en Salamanca en 1465; fue una escritora y humanista española,  preceptora de la reina Isabel la Católica y de sus hijos.

Beatriz provenía de familia con linaje hidalgo de origen zamorano, pero ya considerablemente mermada sus arcas patrimoniales, pasó  desde pequeña a engrosar la vida del claustro conventual. Por ello se la instruyó en lengua latina, para que dominase mejor la escritura, rezos y cánticos sagrados, Mostró grandes dotes para dicha lengua, no sólo en la traducción y lectura de los textos clásicos, sino que también era capaz, a los quince años, de hablar con gran corrección en latín, destacaría tanto que le abrió un hueco en la prestigiosísima  y celebérrima universidad de Salamanca; en ella impartía clases magistrales intelectuales como Antonio Nebrija , autor de la primera gramática castellana, y al que muchos consideran el mentor de la joven Beatriz.

Beatriz Galindo

Se especializó en la lectura de textos clásicos, siendo su autor predilecto el griego Aristóteles, del que se convirtió en una consumada experta y biógrafa. En 1486, cuando estaba cerca de ingresar en el convento, fue llamada por Isabel I de Castilla, y le ofreció trasladarse a la corte para formar parte de un selecto grupo de damas, todas ellas sabias y con la misión de aconsejarla en cuestiones relacionadas con la cultura. De todas las funciones que realizó se ha especulado enormemente, llegándose a decir que fue maestra o camarera de la reina. Lo que sí  parecen tener claro sus exegetas es que fue la preceptora de los infantas Juana, María, Isabel y Catalina, y una consejera muy próxima a la reina, ya que compartían una enorme complicidad y religiosidad que las unía en los momentos difíciles.

El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo describió a Beatriz Galindo como:

<< …muy grande gramática y honesta y virtuosa doncella hijadalgo; y la Reina Católica, informada d’esto y deseando aprender la lengua latina, envío por ella y enseñó a la Reina latín, y fue ella tal persona que ninguna mujer le fue tan acepta de cuantas Su Alteza tuvo para sí. >>

En 1491 se casa con el capitán artillero y consejero de los reyes católicos, Francisco Ramírez de Madrid, que era un hombre viudo con cinco hijos a su cargo; había servido a los reyes en guerras contra Portugal y Granada. Para esta boda, los reyes católicos les entregaron una dote de 500.000 maravedíes. Francisco le proporcionó diez años de feliz matrimonio hasta la muerte de éste en 1501, y de esa relación vinieron al mundo dos hijos, Fernán y Nuflo.

Desde el momento en el que enviudó, se retiró a la corte y estuvo al servicio de Isabel I hasta la muerte de la soberana en 1504; se dice que acompañó, durante casi un mes de tortuoso trasiego,  el cadáver de la reina hasta Granada en donde fue sepultada. En esos años estableció su residencia en Madrid, en lo que es el Palacio de Viana, y se dedicó por completo a la fundación de instituciones benéficas, como el Hospital de pobres en Madrid, o los conventos de franciscanas y jerónimas.

Fue muy crítica con el segundo matrimonio de Fernando el Católico con Germana de Foix, y acudió al llamamiento del joven rey Carlos I, cuando le pidió el mismo asesoramiento que tiempo atrás dio a su abuela. En sus últimos años de vida, desolada por la muerte de sus hijos, se concentró en sus obras benéficas y en el cariño de su nieta Beatriz.

En cuanto a lo que no dejó por escrito, sólo podemos contar con unas cartas en latín, algunos versos, y un implacable testamento, redactado por ella misma, en el que manifestaba su deseo de repartir su fortuna con los pobres. Falleció en Madrid el 23 de noviembre de 1534. Años más tarde, su cadáver fue exhumado y se comprobó que permanecía incorrupto.

Hoy en día, uno de los barrios más castizos de Madrid lleva su popular y recordado sobrenombre; además en Madrid y Salamanca cuenta con estatuas en su honor.