Los resucitadores

Así es como se llamaron a los ladrones de cuerpos, que se dedicaron durante la segunda mitad del siglo XVIII y comienzos del XIX, a la práctica del levantamiento de cadáveres con el fin de venderlos a los científicos para sus experimentos anatómicos.

En aquel tiempo existía una ley, por la cual los cirujanos podían quedarse con los cuerpos de los ejecutados para su estudio, pero como este volumen no era suficiente para sus necesidades, comenzó a aparecer de manera clandestina la figura de estos desenterradores impulsados por las importantes cifras de dinero que se entregaban a cambio de un cadáver. La recompensa variaba dependiendo del estado del mismo, llegando en el caso de jóvenes de gran envergadura y fuerza a alcanzar una cifra igual a la de varios meses de trabajo en el campo. Esto hizo que algunos, con tal de recibir una gran recompensa, no dudasen en cometer incluso asesinatos.

Llego a tal punto la fobia en la sociedad en aquellos tiempos, que algunos jóvenes altos y fornidos como los boxeadores, pedían ser enterrados a más de 5 metros de profundidad y evitar de esa manera ser desenterrados.

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