El Cristo de la luz de Toledo

Cuenta la leyenda, que a finales del siglo X, el rey Alfonso VI, entró en la ciudad de Toledo por la antigua puerta de la bisagra, tomando la cuesta llamada del Cristo de la cruz, y al pasar su caballo junto a la mezquita, este se paró negándose a continuar, esto hizo que el rey le llamase la atención la actitud del equino, bajándose de su caballo y entrando en el templo.

Allí observó, que de uno de los muros, salía un gran resplandor, por lo que ordenó excavar en el lugar, y al llegar al otro lado del muro, se encontraron con un crucifijo, que aun habiendo pasado más de 4 siglos, todavía conservaba encendida la llama de su lamparilla. Este milagroso suceso hizo que el crucifijo se dispusiese en la antigua mezquita, y dispuesta para el culto cristiano, pasándose a llamar Ermita del Cristo de la luz.

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