El Saludador

Este fue un oficio muy peculiar del Medievo, que solo podían ejercer aquellos que nacían con ese poder. Para tener esa cualidad debía ser el séptimo hijo de una familia de siente varones, nacidos en la noche de navidad o viernes santo, estos niños tenían una marca distintiva, y era una cruz en el paladar.

Se les atribuía a estos unos poderes asombrosos, su saliva y aliento tenían propiedades curativas para combatir la rabia, además se les atribuía el poder de amainar tormentas lo que les confería un gran valor para las zonas rupestres, así mismo estaban envueltos en un halo de misterio y leyendas por los cuales serian capaces de andar sobre las ascuas de una lumbre sin quemarse los pies, o introducir las manos en un puchero hirviendo sin sufrir ningún daño.

La inquisición nunca tuvo un criterio unificado ante ellos, ya que como no se conocía el origen de esos poderes, ya que para muchos eran obra el diablo, y para otros era un poder divino otorgado. Esto hizo que muchos de ellos tuviesen la aprobación de obispos y trabajasen en ayuda de médicos.

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